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El equilibrio entre privacidad y supervisión de los padres a los hijos

Son tiempos difíciles para nosotros los padres. No sólamente estamos inmersos en una marejada compleja de nuevas tecnologías, nuevos paradigmas, cambios sociales y culturales, sino que vivimos una profunda crisis de valores que nos hace entrar en situaciones que chocan frontalmente con nuestro deber primario como padres que es la crianza y guía de nuestros hijos.

Hoy día se habla de derechos. Los escuchamos por todos lados: derecho a la salud, derecho a la vida, derecho a _ponga_aqui_su_derecho_. Hay quienes dividen estos derechos como de primera y segunda generación. Pero la gente que habla de esto generalmente también olvida que por cada derecho, existe una obligación y consecuencias de nuestra libertad. No entraré en temas éticos acerca de tal o cual derecho y si son válidos o no, hoy sólo me concentraré en uno que nos atañe: la privacidad.

Hoy se habla del derecho a la privacidad, el cual tiene como objetivo proteger nuestra intimidad, nuestra información personal y nuestras ideas más profundas para que un tercero no pueda abusar de esa información. Por supuesto que tenemos derecho a que no se divulgue de forma pública información reservada o confidencial, de importancia sensible para nosotros o para los interlocutores de esa información. Pero ese derecho conlleva obligaciones como no reservar cosas fuera de la ley o que daña a un tercero al reservarlo. Y otro punto: constantemente declinamos nuestro derecho a la privacidad por recibir un servicio “gratuito” (que no cuesta dinero, pero no implica que no tenga costo).

En el mundo de Internet, todos los días intercambiamos información, a veces pública, muchas veces información sensible. Por correo, por redes sociales, por mensajes SMS, enviamos todos los días información que nos define, que permitiría que un tercero obtenga mucha (quizá demasiada) información acerca de nosotros. Utilizamos servicios normalmente “gratuitos” para ello. Es normal que todos los sitios tengan una declaración de privacidad la cual indica de qué forma nuestra información es tratada por el servicio que utilizamos. Como casi nadie lee esos acuerdos, muchas veces las empresas indican criterios que distan mucho de nuestro concepto de privacidad: leen tu correo para ofrecerte anuncios, vigilan tus publicaciones para evitar que hagas cosas ilegales, evitan que leas información que no es del agrado de los negocios o de los gobernantes. Y entramos al debate de lo que es la privacidad y sus consecuencias. Si, existe el derecho de la privacidad pero cuando das click en “Aceptar” unos términos y condiciones que no lees, entonces renuncias a tu derecho por voluntad propia y básicamente tu información ya no es del todo tuya. Aunque es tema de otro debate, quiero dejar en claro que la privacidad en Internet es un mito, y gordo, y afecta también a nuestros hijos.

Al tener este factor, por supuesto que importa lo que tus hijos escriben en sus correos, y lo que publican en sus redes sociales. Implica que si hacen algo considerado ilegal y son menores, los padres tendrán que responder por no poner suficiente cuidado en vigilar la conducta de sus hijos. Así es en muchos países (México está por entrar en un tratado llamada TPP (Tratado trasnspacífico de cooperación) el cual obliga a los gobiernos a poner una serie de leyes draconianas en cuanto a la privacidad y el intercambio de archivos, entre otras libertades, así que en breve tendremos leyes policiales muy duras en cuanto al uso de Internet), y esto puede provocarnos penas muy altas en algunos casos (cabe recordar el caso de Brian Lahara demandada a sus 12 años por compartir archivos con copyright). Aunque no justifico estas prácticas leoninas en cuanto al copyright (ya hablaremos de este tema) y me parecen ridículas, estos ejemplos ilustran lo que puede pasar cuando no entendemos lo que sucede alrededor de nuestros hijos y su uso de la tecnología.

¿Y cómo le hago para evitar que nuestros hijos se metan en problemas y no convertirnos en espías de sus comunicaciones? Aqui debe existir un equilibrio: por un lado, eres responsable de saber qué hace tu hijo en Internet, por lo que debes supervisarlo de vez en cuando, revisar lo que visita y el tiempo que pasa en Internet (no para reprimirlo, sino para que use Internet de manera mesurada y consciente) y aunque lo hagas, tal vez tu hijo logre esconder cosas de tus ojos. Aquí el punto de equilibrio es la educación. Habla con tu hijo de los riesgos que tiene, que sepa cuidar sus datos personales, que no crea que una cuenta gratuita de correo o de red social es privada y le da derecho a decir lo que sea sin control, que entienda su responsabilidad al momento de darle enviar a cualquier cosa que hace. Lee los acuerdos de privacidad de tus proveedores de correo, de red social, de acceso a internet. Interésate por conocer cómo utilizan tus datos y los de tus hijos. Sólo así lograrás entender y prevenir que tus hijos cometan un error costoso y protegerlos.

Espero sus comentarios y sugerencias.

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